domingo, 21 de abril de 2019

EL RANKING PISA NO VALE ABSOLUTAMENTE NADA



“El ranking de la prueba Pisa no vale absolutamente nada”
Presidente del Consejo Nacional de Educación y del Comité Organizador de CADE Educación 2018. Doctor en Educación por la Universidad de Sussex (Reino Unido). Profesor-investigador del Departamento Académico de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico.
Esta semana, ante un aluvión de críticas, el Ministerio de Educación retrocedió en su afán de implementar el nuevo sistema de evaluación por letras en el nivel secundario. César Guadalupe, presidente del Consejo Nacional de Educación, se pronuncia al respecto y, de paso, pone en cuestionamiento la validez de la célebre prueba Pisa y se muestra optimista sobre el avance de la educación en el Perú.
El ministerio de Educación reculó en aplicar el nuevo sistema de evaluación en secundaria...
Hay que discutir ese tema en dos planos. El primero tiene que ver con la pertinencia de un sistema de evaluación que mida cualitativamente respecto de los estándares que fija el currículum y eso no está en discusión. Hace varios años que está bien consolidado en inicial y en primaria, y tocaba hacer la extensión a la secundaria, y ahí había que discutir si se hacía progresivamente o en bloque.
¿Y el segundo plano?
Es algo que va más allá de la política educativa y tiene que ver con la manera como discutimos algunos asuntos públicos. El ministerio probablemente pensó en usar un sistema de letras xyz y la gente dijo “no, mejor lo que estamos acostumbrados”, y el ministerio decidió usar letras a las que la gente estaba habituada. ¿Cuál es el problema? Si no hubieran hecho caso, también los criticarían. Hay una voluntad destructiva en el modo en que se discuten las cosas.
Y en el modo en que el Ministerio acoge las críticas…
En este caso en particular, si tuviera que criticarle algo al ministerio, es que esta norma técnica debió haber estado mucho antes para ir preparando el terreno, pero hay un estilo muy crispado de discutir que, además, se enfoca en cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Si las letras son abc o xyz, ¿en qué cambia? Lo que importa es el contenido y eso nunca ha estado en discusión.
¿En qué cambia el uso de letras y no el sistema numérico? ¿No son formas de decir lo mismo?
No. Hay un problema con los números: son una mala manera de representar aprendizajes. Los aprendizajes existen sobre un continuo que va de menos a más, pero ese continuo no se representa bien con números. El número te da una sensación de precisión que no existe. Si yo saco 20 en matemáticas y 10 en lenguaje, en promedio tengo 15 y no significa nada, porque estoy promediando papas con camotes.
¿Hablar de logro básico o logro inicial no es subjetivo también?
No, pero el punto fundamental es el currículo nacional, y esto sí es un cambio importante. Nos ha tomado muchos años cambiar hacia un currículum estructurado como el actual, que integra toda la educación básica y que fija, para cada competencia, un conjunto de estándares. La idea es la siguiente: ¿la persona logra o no logra lo que se espera? Si lo logra, ya estamos, y si no, ¿le falta poco o le falta bastante? Ese es el sentido de las letras.
Hablando de números, entiendo que no te gustan los rankings y acá tenemos el fetiche de la prueba Pisa. ¿Sirve para algo?
La prueba sirve para una sola cosa…
¿Para sentirnos mal por nuestros pocos logros?
No, eso es para lo que no sirve, pero se usa para eso. ¿Cuál fue el propósito de que el Perú participara inicialmente en el año 2001? Para saber cuán lejos estamos de los que se supone están mejor. ¿Eso lo dice el ranking? No. Eso lo dice la distancia de nuestro desempeño respecto del desempeño promedio de los países de la OECD.
¿Y lo otro para lo que sirve?
Para mirar si nuestro desempeño se mueve. Y sí se mueve, y a ritmo constante desde el 2001. Ahora, la prueba Pisa es limitada, porque no está construida contra el currículum, sino contra tres o cuatro cosas que un grupo de expertos decidió que valía la pena medir. Y, dos, es una prueba dirigida a chicos de quince años, no importa en qué grado estén.
¿Sería mejor retirarse de la prueba Pisa?
A ver… Una tercera razón por la que entramos a la prueba -y digo nosotros, porque entonces trabajaba en el ministerio-, fue que queríamos aprender a hacer ese tipo de pruebas. Ese objetivo lo hemos cumplido muy bien. En el ministerio tenemos la Oficina de Medición de la Calidad de los Aprendizajes, que hace pruebas estandarizadas con altísimo nivel. Sin embargo, el costo de estar en la prueba es terriblemente alto, porque cada que sale un informe es un escándalo, cuando el ranking de la prueba Pisa no vale absolutamente nada.
De hecho, hasta incide en la autoestima colectiva…
Exactamente, ha servido para autoflagelarnos los últimos veinte años diciendo “¡qué mal estamos!” y perder de vista que estamos mejorando. Y, en realidad, si ves el ranking de quienes han mejorado más (la muestra), ¿cuál es el que más ha mejorado? El Perú.
Pero, como sueles decir, esto significa que hemos subido diez pisos desde el sótano, pero recién estamos en la superficie…
Claro. Estamos todavía lejos de lo que quisiéramos, pero mejorando. Y Pisa en el Perú ha sido utilizado para flagelarnos diciendo “¡qué mal estamos!”, nunca para decir que mejoramos, y eso tiene que ver con el tema de autoestima que mencionas.
¿Y con intereses políticos?
También, y creo que también con una especie de debilidad para leer las cosas, una debilidad profesional para entender de qué se tratan los resultados y darle una lectura más en serio, más a fondo.

No solo eres optimista con que la educación ha mejorado, sino que hemos roto el viejo mito de que el Perú invierte menos en educación que Bolivia...
El mito de que el Perú invierte menos que Bolivia se basa en un mal indicador. Lo que importa es cuánto invertimos por estudiante, no cuánto invertimos sobre el PBI. El Perú invierte más o menos 3% en educación, que es más o menos lo mismo que invierte Japón.
¿Esa inversión es suficiente?
Aparentemente no, porque los resultados no son buenos. Ahora, también es posible que estamos gastando mal. ¿Hay algún colegio privado que cueste lo mismo que el Estado (unos 1.200 dólares al año por estudiante) al que le vayan las cosas mejor? No muchos, lo cual sugiere que hay un problema mayor y es que nadie ha hecho una estimación seria de cuánto deberíamos gastar en distintos contextos. La pregunta es: ¿estamos gastando suficiente? La respuesta correcta es: no lo sabemos.
¿Cómo nadie ha podido enfocarse en algo tan elemental?
Porque se ha repetido por 50 años el mantra de que hay que gastar 6% del PBI. Eso exonera a la gente de hacer los estudios que deben hacerse para hablar en serio.
Tú eres partidario de propuestas educativas de largo plazo. ¿Cómo lograr esto en un sector que, por lo menos en los últimos años, genera tanta polarización?
Aunque parezca mentira, la política educativa ha tenido mucha continuidad en los últimos 25 años. Recordarán que en la época de Jaime Saavedra se hablaba de los cuatro pilares de la política educativa: infraestructura, docentes, aprendizajes y gestión. Si leo esas cuatro cosas y miro el programa de mejoramiento de calidad de la educación primaria que se hizo en el 95, es lo mismo. Creo que sobreestimamos el hecho de que porque cambia un ministro cambia todo.
Pero en este Gobierno entra un elemento polarizador como no había ocurrido antes en educación: el enfoque de género…
Ahí hay una cosa que tiene que ver con la educación y otra que tiene que ver con el país. En general, las discusiones políticas son muy crispadas. Hay que recordar que la educación no empieza ni termina en la escuela. Si empezamos a discutir así, no hay manera de formar estudiantes para la democracia, para la tolerancia y el respeto. Luego está el enfoque de género, que no es algo nuevo en la educación. Lo venimos haciendo hace por lo menos una década, si no más.
Pero hay quienes se crispan apenas oyen la palabra género.
Eso tiene que ver con la manera de operar de esos sectores. Yo tengo por ahí fotos de cartelones que dicen “ministra, no homosexualice a nuestros hijos”. Esa es una campaña para crear temor sobre la base de una mentira y no es aceptable. En el país, la educación merece una conversación. Cuando en el Consejo Nacional de Educación convocamos organizaciones para dialogar sobre la formulación de un nuevo proyecto educativo nacional, no hay ese nivel de confrontación… Si uno va a las aulas, a los colegios y conversa con los profesores, tampoco. Entonces, hay que darle menos pelota a esa discusión y ver lo que las personas reales están haciendo.
Tu último libro se llama La larga noche de la educación peruana: comienza a amanecer. ¿Cómo describir ese amanecer?
El amanecer es que estamos saliendo en varias cosas: invirtiendo más por estudiante, logrando mejores resultados en aprendizaje… Muy tímidamente, pero lo estamos haciendo de modo sostenido desde hace casi 20 años. La mejora no es del tamaño que quisiéramos básicamente por dos razones: si hemos destruido el sistema educativo en los 30 o 40 años anteriores al 90, hay un montón de cuentas pendientes que eso nos pasa. La primera es que la mayor parte de la población adulta ha tenido una pésima educación básica, y eso se expresa en los docentes, en los congresistas y en todos los aspectos de la vida nacional.
Se dice que en el colegio no solo se imparte conocimientos, sino que se forma ciudadanía. Si vemos a los congresistas que tenemos, cinco presidentes procesados por corrupción, ¿cómo lograrlo?
La primera cosa de la que hay que ser conscientes es de que a esos congresistas y presidentes nosotros los hemos elegido. Entonces, el país es lo que es porque eso es lo que nosotros hacemos con el país. Ya no estemos tirándonos piedras de quién tiene la culpa y podremos conversar acerca de cómo construimos las cosas.
Hay colectivos que dicen que la escuela da conocimientos y el hogar forma los valores...
La escuela tiene un propósito, que es formar personas, y las personas somos multifacéticas y complejas. “Te voy a dar tres cositas y todas las demás, no”. Esa es una forma, digamos, pedagógicamente torpe de enfocar el problema.
¿Pero los valores solo se deben dar en el hogar, como dicen los grupos fundamentalistas?
Por supuesto que no, porque los valores tienen que ver con los valores en la vida civil. Entonces, yo te respeto a ti no porque mis padres lo hayan hecho o no, sino porque eso es parte de cómo vivimos, y al respetarnos mutuamente educamos al que está al costado.
Los conservadores dicen: “Solo yo puedo hablar a mi hijo sobre temas sexuales, especialmente sobre homosexualidad”.
Si queremos educar para vivir en democracia, los padres no pueden venir y decir “yo quiero que sea fascista”, no tienen derecho a eso. Entonces, si tenemos en el país un conjunto de principios que incluyen al respeto y la valoración de las personas, el padre que quiere decir que el homosexualidad es una depravación, que deben irse al infierno y todo lo demás, tiene todo al derecho a pensar eso, pero su hijo tiene el derecho a ser educado de una manera distinta.


CARMEN MC EVOY, Odebrecht, Vizcarra, PPK, Keiko

Carmen Mc Evoy: “La indignación no es suficiente; hay que entrar al Estado, recapturarlo”
"Martín Vizcarra está haciendo su esfuerzo. El cara a cara, esta relación con sus electores lo aprendió en su región. Tuvo la visión de abrazar la bandera de la anticorrupción"
La historiadora Carmen Mc Evoy va a escribir un libro sobre su reciente experiencia como embajadora en Irlanda, en diálogo con la apabullante coyuntura política peruana de los últimos tiempos. Su mirada sobre el momento actual siempre es bienvenida.
Las acusaciones de corrupción atraviesan a expresidentes, ministros. ¿Qué le dice eso?
Que el Estado ha sido tomado. Hay un asalto del Estado por mafias organizadas que empezaron en un nivel muy pequeño y nacional con Montesinos y que, con el ingreso del capitalismo internacional de prebendas y clientelar, se han convertido en megamafias enquistadas en todos los niveles. No son solo presidentes, sino ministros, viceministros. Hay ministerios tomados. Cuánto seguirá tomado.
O por descubrirse. Se firmó el acuerdo con Odebrecht.
Por descubrirse. Siguen en la sombra. Algunos esperarán a ser colaboradores eficaces o agarrar sus maletas para irse. El Perú está pasando por uno de sus momentos más aciagos.
¿Peor que los noventa?
Yo creo que sí. Lo que ocurre es que todo se ha potencializado, es trigonométrico. Ahora, hay corrupción pero también peruanos valientes que se le enfrentan. Teníamos lo de Fujimori y Montesinos y apareció Paniagua. Siempre hay una reserva moral a la cual acudir.
Ahora son los fiscales.
Y hay mujeres, las del Callao son mujeres. El desafío es tan grande y la sociedad debe tomar conciencia y unirse a la cruzada.
Sí hay conciencia de la gravedad. Cuando quisieron sacar a los fiscales Vela y Pérez, muchos protestaron el 31 de diciembre, en la noche.
Claro, aunque la indignación no es suficiente, hay que entrar al Estado, recapturarlo. Las marchas no son suficientes. Ahora que presido la comisión del bicentenario he notado que hay jóvenes comprometidos, que no han sido contaminados, picados por el vampiro…
Mordidos.
Mordidos. Ya no sabes quién ha sido contaminado o no, pero sí noto a gente joven comprometida y honesta a la que hay que apelar para que entre en política. Acá no ha habido reforma de la política, no ha habido reforma del financiamiento de los partidos. Hay mafias. La política se ha convertido en el coto de un grupo que establece las reglas de juego, que son perversas y están creando este sistema corrupto. No es solo un tema de moralidad. Este es un sistema que no se sabe proteger a sí mismo.
¿Algo falla en el sistema inmunológico?
Tiene que haber rendición de cuentas. E, insisto, se necesita gente joven que no tenga esa rapacidad, esa codicia de tener 30 millones y cinco casas. ¿Cuántos millones en Andorra necesitas para ser feliz?
¿Esta política no ahuyentará a los jóvenes más capaces?
Optimistamente, pienso que esa política de la prebenda ya está en declive: la de poner a tus amigos en el Congreso para que no trabajen, la de yo te doy para que tú me des.
Hablemos un poco de Martín Vizcarra. ¿Qué piensa de él?
Está haciendo su esfuerzo. El cara a cara, esta relación con tus electores lo aprendió en su región. Tuvo la visión de abrazar la bandera de la anticorrupción, que no la ha inventado él…
Pero alzó la lanza.
La lleva, pero no es suficiente con los huaicos, con la criminalidad a todo nivel, con las mujeres acuchilladas y violadas. En una emergencia nacional uno puede apoderarse de un sentir ciudadano, sin embargo, se necesita de un proyecto nacional, una visión de país. Por la propia situación coyuntural…
¿No ha tenido tiempo de pensar en ese proyecto?
Es que la presidencia le llegó de rebote, de casualidad, y no se ha sentado a pensar en cuál será su legado. Desgraciadamente en el Perú uno se la pasa, como mandatario, apagando incendios: los huaicos, la interpelación, la vacancia. Todavía no veo al estadista. Hace su trabajo, pienso que va a ser un presidente de tránsito. Pero debería establecer su visión de país. ¿Qué quiere dejarnos como legado a nivel de educación, salud, reforma del Estado?
Hay señalamientos por el tema del financiamiento de la campaña presidencial.
Él dice que solo veía lo político y no lo económico, pero, al final del día, si te estás comprando un proyecto, debes preguntar ¿y de dónde sale la financiación? Felizmente parece que eso va a cambiar con la reforma, que él está iniciando. Lo que hay que decir también es que el peruano debe saber elegir mejor y votar por el proyecto. Debemos ser ambiciosos, pensar en grande. Ese es mi consejo para las nuevas generaciones.
En poco más de dos años es el bicentenario. No vamos a solucionar nuestros problemas tan pronto, pero la fecha debe servir para ponernos metas. ¿Cuál considera que debe ser el gran objetivo del Perú?
El gran desafío es la reforma del Estado en serio. Hemos heredado un Estado paquidérmico, inepto, tomado por la mafia. Necesitamos uno capaz de defender nuestros impuestos. Eso es lo que se han robado: la plata de la gente.
¿Alguna vez el Estado peruano ha funcionado?
Ha habido momentos, pienso en los proyectos modernizadores del segundo civilismo que Leguía ridiculizó. El Estado no se ha modernizado con los años, es como un cascarón viejo. Sinesio López tiene esta frase: hay irrupciones democratizadoras. Cada cierto tiempo hay una oleada de buenos peruanos que intentan reformar, que entran, pero es un paliativo. Las cosas van a cambiar con una reforma estructural…
El Estado ha estado a punta de aspirinas, digamos.
Y lo que se necesita es cirugía mayor y, para eso, se requiere un pacto político, diálogo. El gran desafío del bicentenario es reformar este Estado que tiene taras coloniales como el clientelismo, el amiguismo, la corrupción. Nuestro Estado tiene elementos premodernos. Diez constructoras se reparten todas las obras, ¿de qué competencia hablamos, de qué sistema liberal? Parece la época virreinal.
Un simulacro de mercado.
Exacto, es un mercado que no funciona con la ley de la oferta y la demanda: las AFP, el monopolio de las comunicaciones. La competencia real capitalista no existe. Tenemos un sistema de compadrazgo y privilegios.
En sus columnas ha tocado la violencia de género. Es un desborde contra la mujer, ¿no?
Estoy horrorizada. La sociedad peruana es autoritaria, patriarcal, maltratadora de las mujeres, y eso está creciendo porque las mujeres estamos posicionándonos y tenemos más voz. La mayor presencia de las mujeres genera estas respuestas: es miedo a perder el poder.
¿Hay machismo en la academia?
Sí. Mi carrera ha ido avanzando. Pero cuando empecé con la historia política veía las sonrisitas. Tipo ‘¿y a esta qué le pasa?’. Un profesor me dijo, ‘no, acá no ha habido un proyecto nacional’. Y mi libro se llamaba así. Casi como un ‘tú de qué estás hablando, tontuela’. Hay condescendencia. Es un desafío. Ya no estoy en eso, porque “los hombres de la sonrisita” me causan hilaridad. Pienso en mis colegas más jóvenes. Los hombres todavía dominan ciertos espacios de la academia.
¿Por qué aceptó ser embajadora en Irlanda?
Me pareció un gran desafío en un momento crítico para el Estado peruano. Tenía la aprobación del gobierno de Irlanda, fecha para entregar mis credenciales y consideré que sería pésimo para el Perú tirarle la embajada al presidente (Kuczynski), por más errores que hubiera cometido.
Como lo del indulto.
Como lo del indulto. Mi balance es positivo. En un primer nivel, cerré un círculo histórico. Mis bisabuelo llegó de Irlanda a trabajar en el ferrocarril y vuelvo a Irlanda a abrir la primera embajada. En un segundo nivel, yo soy experta en el Estado y era mi oportunidad para conocerlo en sus extramuros. Y en un tercer nivel, como ciudadana peruana, me permitió servir y representar al Perú.
¿Recibió críticas por aceptar la embajada?
Muchas, pero sabía que estaba haciendo lo correcto, no por el régimen sino porque el Perú tiene que seguir existiendo a pesar de coyunturas adversas y su imagen preservarse a pesar de todo.
Y como ex embajadora nombrada en el gobierno de Kuczynski, ¿qué piensa de él ahora?
Perdió una gran oportunidad. No solo yo creía en él. Hay muchos niveles de análisis. No entendió la magnitud del desafío, lo trivializó. No se dio cuenta. Hacían gimnasia en el patio de Palacio cuando había problemas serios propios de un Estado carenciado, donde todos tenían que estar operando, trabajando, tomando su rol en serio. Y lo otro fue que Keiko Fujimori se la juró. No midió que su adversaria política lo quería matar. En política hay que tener la fuerza de las convicciones, no la tuvo y no dio la batalla.
Keiko Fujimori se la juró a Kuczynski, y ahora está en la cárcel. Su caso es increíble. Su partido aparecía como la principal fuerza política y hoy hace agua.
Es como cuando tienes una bola de energía, una bola mágica, y en vez de usarla para el bien haces lo opuesto y te explota en las manos. (Fuerza Popular) no impulsó ni una reforma que valga la pena, y ahora está en posición de defensa de delincuentes, de Donayre. Es una vergüenza total. Nuevamente, es un partido sin proyecto. Y Keiko terminó atrapada por su arrogancia.
¿Tiene esperanzas en las elecciones de 2021?
El Perú da sorpresas en sus peores momentos. Yo quisiera candidatos sencillos que escuchen a la gente, que quieran servir al país y entreguen toda su capacidad para lograrlo. Hay una campaña cívica que no vemos y que debe visibilizarse para convencer a los jóvenes de que deben entrar en política. Hay un Perú noble.
“Keiko Fujimori terminó atrapada por su arrogancia”
¿Qué balance hace de su etapa de embajadora?
Es positivo. Cerré un círculo histórico. Mi bisabuelo llegó de Irlanda a trabajar en el ferrocarril y volví a Irlanda a abrir la primera embajada. Segundo, soy experta en el Estado y era mi oportunidad para conocerlo en sus extramuros. Y tercero, como ciudadana me permitió servir al Perú.
La nombraron durante el régimen de Kuczynski, ¿qué piensa de él?
No entendió la magnitud del desafío, lo trivializó. Hacían gimnasia en el patio cuando había problemas propios de un Estado carenciado. Y Keiko Fujimori se la juró. No midió que su adversaria política lo quería matar. En política hay que tener la fuerza de las convicciones y no dio la batalla.
Keiko se la juró a Kuczynski, y ahora está en la cárcel. Su partido aparecía como la principal fuerza política y hoy hace agua.
Es como cuando tienes una bola de energía, una bola mágica, y en vez de usarla para el bien haces lo opuesto y te explota en las manos. (Fuerza Popular) no impulsó ni una reforma que valga la pena, un partido sin proyecto. Y Keiko terminó atrapada por su arrogancia.


GUERRILLAS en la Independencia.

En nuestra independencia pelearon miles de pobladores: andinos, afroperuanos, mestizos, hombres y mujeres de todas las regiones.

GUERRILLAS EN LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ
El libro Guerrillas y montoneras durante la Independencia da cuenta del papel clave que esos grupos armados jugaron en nuestra historia. Y rescata también el papel que la población andina, afroperuana, mestiza, tuvo en esa gesta. Su legado no debe olvidarse.
En enero de 1821, al exponer sus planes para enfrentar a los enemigos españoles, el generalísimo José de San Martín decía que la guerra no debía ser formal sino de recursos. Consideraba necesario formar partidas cortas de 100 hombres, mandadas por patriotas conocedores del terreno, los cuales hostilizando al enemigo por sus costados, debían "hacerlo sucumbir al término de dos meses". Hablaba sobre las guerrillas, montoneras o partidas, que podían ayudar en la campaña libertadora.
"(San Martin) insiste en ese tipo de guerra de partidas expresando que [...] en vista de los resultados que se pueden obtener con pocos recursos, con tanta mayor razón debía serlo en el Perú porque, sin más socorro que armas y municiones, el ejército contaba con una fuerza para debilitar y distraer al enemigo, mientras él preparaba sus tropas", se dice en el prólogo del libro Guerrillas y montoneras en la Independencia, que acaba de ser reeditado por Editorial Acuedi en formato digital.
Aunque la participación de estos grupos armados y el liderazgo de sus distintos jefes no ha sido lo suficientemente investigado y destacado en los libros de historia, su presencia en las luchas por la independencia fue clave. Se sublevaron contra el poder español desde antes de la llegada del Ejército Libertador, pelearon mano a mano en apoyo del ejército de San Martín y continuaron combatiendo hasta el triunfo de Bolívar en Junín y Ayacucho, hasta la derrota total de las tropas realistas.
"Las guerrillas, montoneras o partidas, como se les llama en muchos documentos, son destacamentos irregulares de milicianos que se integran durante la guerra por la independencia y podían tener entre 20 a 100 personas. A veces sobrepasaban el número y acciones de los ejércitos formales. Buena parte del desarrollo de la guerra con San Martín se desarrolla con guerrillass, porque él procura evitar las confrontaciones abiertas, las grandes batallas", explica Héctor Huerto, editor del libro.
Nombres para recordar
¿Quiénes fueron los líderes de esas guerrillas? ¿Por qué no fueron recogidos en los libros de historia? "Hay varios líderes destacados. Es el caso de Ignacio Quispe Ninavilca, líder de la sierra centro y sur, organizador de guerrillas compuestas en su mayoría por indígenas y quien, ante un ataque, tenía la capacidad de reponer sus fuerzas rápidamente", cuenta Huerto. Un episodio histórico lo ubica en Huarochirí con setenta hombres, despojando de armamento a un grupo realista de trescientos.
"También tenemos a Marcelino Carreño, José María Guzmán, y un personaje, que no siendo guerrillero, Francisco de Paula Otero, asume la coordinación de las montoneras en la sierra central", comenta el editor del libro.
Marcelino Carreño fue vencedor de varias acciones guerrilleras y jefe de los "Guerrilleros de Vanguardia" en la batalla de Ayacucho. Al montonero José María Guzmán intentaron atraerlo al bando realista con ofrecimientos, pero contestó que "moriría con sus guerrilleros por la Independencia y que sus partidas respetaban su juramento".
Francisco de Paula Otero fue un hombre con negocios en minería y comercio que se unió al Ejército Libertador y bajo la conducción de San Martín se distinguió como organizador y comandante de guerrillas. Se le confirió el grado de coronel de milicias y el mismo San Martín le otorgó la Orden del Sol. Más tarde pelearía bajo el mando de Bolívar en la batalla de Ayacucho.
Otro nombre destacadísimo en la gesta emancipadora ha sido el de Basilio Auqui, nacido en Cangallo, Ayacucho. Fue un jefe morochuco. Se unió a la lucha contra los realistas años antes de la llegada de San Martín y desde 1820 comandó un grupo que permanentemente hostigó a las tropas realistas jefaturadas por el general español Carratalá. En febrero de 1822 derrotó a los realistas en la batalla de Sachabamba, pero poco después fue apresado y fusilado.
"Ellos y muchos otros ya realizaban acciones de manera muy temprana por la independencia. En Supe se declara la independencia años antes de la llegada del ejército libertador, y lo mismo pasa en otra regiones del país. El liderazgo de muchos jefes de guerrillas que operan hasta 1824 o más, queda opacado por la presencia de militares del ejército regular. Y no porque estos jefes guerrilleros hayan tenido un rol mínimo o secundario, sino porque eran personajes que provenían de estratos sociales más bajos, grupos indígenas, mestizos. Por tanto era cuestionable para la época que ocuparan cargos de liderazgo", comenta Héctor Huerto.
Los oficiales y jefes militares de entonces omitían incluir a estos líderes en los partes de acciones de guerra y a muchos no se les reconoció en el momento como se debía. Posteriormente, los libros de historia los ignoraron y son pocos los autores que han profundizado en esos líderes que pelearon, y en muchos casos murieron, por nuestra independencia. Pero para conseguirla pelearon miles de pobladores de a pie, andinos, afroperuanos, mestizos, hombres y mujeres del pueblo.
Tácticas de pelea
El coraje y sacrificio de estos héroes de la independencia fue enorme. En el prólogo de la primera edición de Guerrillas y montoneros durante la independencia, de 1975, la historiadora Ella Dumbar Temple señalaba: "A través de los partes e informes desfilan estos guerrilleros y montoneros con sus comandantes entonando el "canto de la patria" en increíbles marchas por los terrenos más fragosos cortados por quebradas, cruzan senderos casi impracticables de las cordilleras y las altas regiones nevadas; y con igual pericia traviesan caudalosos ríos, desfiladeros, abismos y laderas".
Esos soldados civiles acampaban a cielo raso, se sostenían con alimentos mínimos o con coca, y tenían carencias de vestimenta y armas. Sin embargo, se las arreglaban para poner en aprietos al enemigo realista. "Sus mejores bases de operaciones eran siempre los puntos más invulnerables del territorio, que les permitían paliar su inferioridad numérica y su falta de armamento. El poderío de los ejércitos enémigos se quebraba frente a esas fuerzas sin formación de línea, que los hostilizaba, cercaba y atacaba de frente o a mansalva", cuenta el libro.
Un ejemplo de este tipo de acciones es un encuentro en un lugar conocido como Cuesta del Viento, "a unas 10 leguas de Caravelí", donde veinte hombres evitaron el paso de un millar de soldados realistas. En sus estrategias de combate usaban mucho las "galgas", grandes piedras que hacían rodar desde lo alto de las laderas y con ellas causaban bajas, el desbande de los enemigos o bloqueaban el paso para un ataque.
"Los propios jefes realistas previenen el peligro que representaban esas guerrillas patriotas [...]Carratalá califica a Quiróz -un jefe montonero- de valiente y gran conductor de sus partidas, reconoce que sus propios guerrilleros podían dispersarse por las quebradas de 'esas malditas cordilleras' y que los indios se fugaban con las armas. También conceptuaba que el ejército de San Martín podía operar con mayor éxito por las montoneras que atacaban por distintos puntos a un tiempo", se dice en el libro.
Guerrillas y Montoneras durante la Independencia es el cuarto volumen de la serie Nueva Colección Documental de la Independencia del Perú. Se publica en formato digital y son cinco las instituciones coeditoras: Congreso de la República, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), Fundación Bustamante de la Fuente, Red INTERINDI (Sevilla, España) y Acuedi. Los libros son de libre acceso y pueden descargarse desde la Biblioteca Digital Acuedi (http://beta.acuedi.org/), la página web del Congreso de la República o el repositorio institucional de la UPC. Esta colección documental espera publicar 96 libros en cinco etapas de aquí al 2021. Ya se han publicado veinte títulos.
"En el tema de la Independencia hay mucha información todavía por procesar", dice Huerto, el editor. En esa gesta lucharon hombres y mujeres que no figuran en los libros. Esta publicación es un homenaje a su memoria y a su sacrificio.



ALICIA MAGUIÑA, Arguedas, Velasco, Chabuca

“Los valses ahora parecen una cosa muerta, sin energía”
Figura fundamental de la música popular peruana, Alicia Maguiña, intérprete, compositora e investigadora, presenta "Mi vida entre cantos", su libro de memorias. Esta semana conversó con Domingo sobre su pasión por la marinera limeña, las danzas del Valle del Mantaro, José María Arguedas, el día que conoció a Juan Velasco Alvarado y el audaz tema que le dedicó a Chabuca Granda. 
Rebelde y pionera. Rebelde, siempre, como esa vez en la que el expresidente Alan García la llamó para sugerirle, con cortesía, que pusiera punto final a su libro de memorias, y ella decidió tomarse un tiempo más. Pionera, cuando después de pasar años aprendiendo la marinera limeña de maestros como Manuel Quintana, de desentrañar los secretos y la métrica de ese canto de competencia, volteó a ver al ande y emprendió un nuevo aprendizaje: el de las coloridas danzas del Valle del Mantaro. Rebelde, cuando hizo frente a una sociedad que veía mal que una joven cantara en las radios o grabara discos. Pionera, por convertirse en el "caballo de Troya" del wayno en Lima, como anunciaban los diarios en 1986. Alicia Maguiña, intérprete y compositora, ha concluido Mi vida entre cantos (USMP, 2019), memoria de su pasión por la música peruana. Son 300 páginas en las que entre fotos y canciones se puede seguir el rastro de una voz que comprendió dos mundos distintos encerrados en una misma geografía. La elegante bailarina de marinera limeña y la orgullosa coya de la Virgen de Cocharcas de Sapallanga dejan ver su singularidad.
Emilio Camacho: El antropólogo Rodrigo Montoya la llama la artista puente, la que le canta a la costa y a la sierra, a Lima y a Huancayo, la que igual puede cantar una marinera limeña o una tunantada jaujina. Ese es un halago, pero también una enorme responsabilidad...
A mí me encanta lo que ha escrito Rodrigo Montoya. Él lo ha hecho con mucha profundidad. Además, él es un hombre andino que me ha visto en los escenarios. Es mucha responsabilidad, sí. Mira, yo me rebelo cuando escucho tanta distorsión de lo nuestro. Si yo encuentro belleza autóctona y la mezclo con jazz, es como querer que lo nuestro suene como en Suiza. No se puede reemplazar la belleza. Y no se puede reemplazar el alma. Es lo mismo que pasa con la música criolla. Hacen los valses tan aletargados que ahora parecen una cosa muerta, sin energía. Antes se bailaba el vals, fuera el que fuera.
E.C.: ¿Diría que fue usted la primera costeña que le cantó a la gente de la sierra?
Mira, yo no quiero mentir. Jesús Vásquez, Teresa Velásquez, Delia Vallejos, Esther Granados, ellas ya cantaban huaynos en castellano, generalmente de Puno, de Rosendo Huirse, y los cantaban acosteñados. Y no es que lo hicieran mal, simplemente lo hacían así.
E.C.: ¿Y por qué comenzó a mirar al ande? ¿Por qué se atrevió, como usted dice en el libro, a cantar “la música de la servidumbre”?
Yo todo lo he hecho por arte, por las cosas que yo sentía. Y en Ica yo sentí la música de la sierra en las jóvenes quechuahablantes...
E.C.: ... que llegaban a trabajar a su casa.

No solo a mi casa. También a las casas de otras amigas. Una noche, una de ellas me dijo: “Esta noche me voy a mi tierra por los techos”. Y yo, lo digo en el libro, me quedaba muy angustiada de pensar si encontraría el camino. Eso me impactaba mucho. Esas jóvenes cantaban algo de Huancavelica, Apurímac y Ayacucho. Y cuando lo hacían, yo le pedía a mi madre que les pidiera que dejaran de hacerlo. Yo me quedaba con un nudo acá (se toca la garganta). Me dolía mucho. Me daban ganas de llorar.
E.C.: La angustiaba mucho ese canto.
No me angustiaba, me penetraba esa música. La música penetra, lo digo en el libro. Y eso es lo que le falta al vals cuando le hacen cosas.
E.C.: Ahora, el hecho de mirar con interés lo andino la expuso a comentarios prejuiciosos. A su hijo le decían: “Tu mamá se viste como una serrana”.
Sí, “tu mamá se viste de serrana”. Mira, yo le puse de título, a esa parte del libro, “El canto de la servidumbre”, me salió del forro. Eso es lo que les molesta. En el Perú hasta ahora se cholea mucho.
E.C.: ¿Siente que todavía hay racismo?
Yo sí.
E.C.: ¿Más o menos que antes?
No lo sé. Mira, por ejemplo, con los negros, son proteccionistas, una cosa así, pero no hay un trato horizontal.
E.C.: Ahora, usted siempre fue exigente con su trabajo. Para incluir algunos temas en su repertorio buscaba a los maestros que habían compuesto esas canciones. Quiero citar un caso particular, de cuando usted ya estaba trabajando en el Valle del Mantaro, el caso del maestro Zenobio Dagha...
... Mi querido Zenobio. Ya murió...
E.C.: ...Cuando usted llega a Huancayo, no lo encontró. Y tuvo que ir a buscarlo a su pueblo...
... Es que él vivía en Chupuro...
E.C.: Claro, lo que pasa que antes de que él le enseñara sus huaynos y sus mulizas tuvo que vencer su desconfianza, que era un poco la desconfianza del ande frente a la costa.
Supongo.
E.C.: ¿Cómo venció esa desconfianza?
Mira, mi cercanía es natural, yo no iba a sonsacarle, a negociar algo. Yo iba hasta allí porque me sentía hermanada con esa música, la sentía, como siento también la de Ayacucho, la de Huamanga, que conocí a través de Raúl García Zárate. Aunque creo que el mejor cantor ayacuchano es puquiano, es el hermano de Rodrigo Montoya, se llama Edwin Montoya, el Puquiano de Oro. Canta lindo.
E.C.: Hay un dato que no vi en el libro. Usted canta en quechua. ¿Quién fue su maestro de quechua?
No, yo no hablo quechua. Es una pena, pero no hablo. 'Adiós, pueblo de Ayacucho' me la enseñó un amigo de Arguedas, antropólogo y quenista: Alejandro Vivanco. Él me enseñó cómo se cantaba ese tema en 1928, como él lo había escuchado. Me enseñó a vocalizar y todo. Me impresionó mucho, porque cantaba muy hondo, con mucha garra, aunque no era cantante.
E.C.: ¿Por qué fue tan importante para usted ser nombrada Coya de la Virgen de Cocharcas de Sapallanga en el Valle del Mantaro?
Ese cargo fue para mí un honor. Agripina Castro, Cusi Urpi, fue una folclorista entendidísima en ropa del Valle del Mantaro, Alto Huancayo, Jauja, Tarma, Cerro de Pasco, Huancavelica y algo de Ayacucho. Ella fue a mis conciertos y habría observado el respeto con el que yo hago esa música. Seguramente consideraría que yo sí iba a tener la responsabilidad de tener muchos años en el cargo.
E.C.: ¿Fue la primera artista costeña en ser designada con ese cargo?
Sí.
E.C.: ¿Y después de eso no volvió a pasar?
No. Es más, una de las últimas veces que fui a ser de Coya apareció mi foto en la portada de un diario, creo que era Correo. Allí decía: Coya de Sapallanga, danza en extinción.
E.C.: Me comentó hace un momento que alguna vez le reclamaron por dibujar en Indio (uno de sus temas más emblemáticos) a la gente del ande como personajes tristes. ¿Qué respondió usted?
Les dije: Ya sé que en sus fiestas tiran la casa por la ventana. Pero, mira, en las fiestas de Santiago, que yo he visto en mis viajes a Huancayo, las cantoras son pastoras de las alturas, que bajan a cantarle al patrón Santiago con un violinista, un huacrapuquio, y una tinya, a cambio de que el patrón les diera una muda de ropa nueva y aguardiente. Eso es todo lo que les daban. Entonces, ¿cómo querían que pensara que eran muy alegres?
E.C.: Usted no podía ocultar la pobreza.
No. Y yo lo veo hasta ahora en Sapallanga.
E.C.: ¿Cuál fue la primera novela de José María Arguedas que leyó?
Lo primero que leí fue Agua, y Diamantes y pedernales.
E.C.: Se conocieron en Puno.

Sí. Él era un hombre muy tímido. Me cruzaba con él, Jaime Guardia y Mildred Merino de Zela, en víspera de La Candelaria. Estábamos alojados en el mismo hotel. Los veía en el desayuno, que llegaban con sus cámaras a punto de irse al campo. Yo me moría de ganas de ir con ellos, pero nunca me atreví a pedírselo. También nos cruzamos varias veces en el aeropuerto, que en esa época era un terral. Lo veía con su costalillo de panes serranos, que los cambiaba al día siguiente. Eso me dio mucha ternura. En esa misma fecha me invitaron a un conversatorio de poetas y me pidieron que cantara 'Indio' delante de Arguedas. Dios mío, qué mal me sentí de cantarle, de repente a él le parecía un bolero. Pero le gustó.
E.C.: Usted tiene una frase para él en su libro. Dice: “José María se traía a Lima los panes serranos con los que mitigaba el desarraigo”.
Sí. Mira, te voy a contar algo. En ese viaje a Puno también estuve en un almuerzo al que lo invitaron. Y había gente radical que lo cuestionaba. ¿Qué querían que hiciera Arguedas?, ¿que agarrara un fusil? Él había contado lo que le había tocado vivir. Y ya estaba tratando de que se lograra la integración de lo costeño y lo andino.
E.C.: Usted sacó 'Indio' en 1963, unos seis años antes del golpe de Velasco y unos siete antes de la Reforma Agraria (lanzada bajo el lema: “Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza”). ¿En algún momento el régimen se acercó a usted, quiso congraciarse con usted?
Yo no podría decir que quiso congraciarse conmigo. Usted sabe que el poder siempre quiere congraciarse con los artistas populares. ¿Qué pasó? Velasco invitó a almorzar a Palacio a todos los criollos y criollas. Nos sentaron en una mesa larga y yo quedé frente a él. Y me tocaba cantar. Yo odio hacer papelones, y ni siquiera había una guitarra, no había nada. Me quedé sentada, puse la cabeza así (junta la barbilla con el pecho) y canté 'Indio' a capela. Cuando levanté la cara, Velasco estaba llorando. Mira, aunque Velasco y la Junta Militar sacaron del Poder Judicial a mi papá y al doctor García Rada, porque no obedecían las órdenes de Palacio, yo sentí que hubo más apertura para la música popular, tuvimos más trabajo.
E.C.: ¿Sintió cierta simpatía por el régimen?
Sentí pena cuando se murió Velasco. Pero no es que yo creyera en el régimen, en la Reforma Agraria. Lo que siento es que era gente bien intencionada que creyó que esa era la manera.
E.C.: Creo que el único político al que usted le ha hecho caso ha sido el exdiputado Hugo Blanco, quien le pidió que incluyera valicha en su repertorio.
(Se ríe) Fue tan respetuoso. Me pareció buenísimo. Mira, yo siempre he sido hincha de los discursos. Y no soy de ningún partido. Pero una vez estaba maquillándome para alguna actuación en La Palizada, de Huancayo, y Rolando Breña daba un discurso, y su discurso me movía. Y también Javier Diez Canseco. Yo fui amiga de Javier.
E.C.: Tiene algo de izquierda usted.
Seguramente. Pero no estoy afiliada, no voy a las marchas ni agarraría un fusil. Ahora, es cierto que en la época de Velasco se promovió más lo peruano. Pero, a ver, cuando diga esto algunas personas van a pensar que soy aprista y no lo soy. Pero desde el primer gobierno de Alan García los artistas criollos tuvimos un sueldo estable. Nos nombraron en determinados colegios. Abanto Morales, por ejemplo, enseñaba música popular en el Rímac. A mí me nombraron en un Cofide. Ellos se llamaban el Partido del Pueblo y debieran seguir siéndolo. Ellos debieran comportarse como Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, Ramiro Prialé.
E.C.: Algo que se ha perdido.
Se ha perdido, me parece.
E.C.: Aunque usted es costeña, cuando vino de Ica a Lima...
Era provinciana...
E.C.: ...Y sufrió discriminación. Cuando quiso entrar al colegio Sophianum le respondieron: “Las niñas de provincia traen malas costumbres”.
Bueno, tampoco es que me muriera por ingresar al Sophianum, lo que yo quería era regresar a Ica. Al final me recibieron en el Santa Úrsula. Era una linda promoción pero desde el primer día me sentí observada. En lugar de decir “yo soñé”, yo decía “me soñé”. Y me corregían. Teníamos, además, que rezar en alemán, llevar cursos en alemán. Todas hablaban regio el alemán. Allí asocié esa vivencia con lo que les pasaba a las jóvenes quechuahablantes en Ica. Allí afloró 'Indio'. No es que me discriminaran, pero yo me sentía ajena a ese idioma.
E.C.: Es interesante todo esto. Usted fue joven en una época de convenciones sociales absurdas.
Completamente absurdas.
E.C.: Las chicas de provincia no podían entrar al colegio que quisieran, las jóvenes no podían ir a la radio a cantar, ni ser bohemias...
Es cierto. Pero yo nunca fui bohemia. Tengo un sexto sentido para detectar lo que está bien y lo que está mal. No sé por qué. Aunque yo iba a las jaranas de los Ascuez acompañada de mis padres. Mi padre veía tal afición mía por la música que ya no podía negarse.
E.C.: Pero hubo un tiempo en que sí lo hizo.
Sí, claro. Le parecía mal. Nunca quiso que grabe un disco. Hasta que Porfirio Merino Aramburú, de Sonoradio, le insistió y él dijo: “Bueno, que grabe pero que no cobre un sol”.
E.C.: ¿Por qué se negaba? ¿Qué le decía?
Es que no él quería verme en el mundo de los músicos, de los criollos, que tenían mala fama. Pero las señoras que cantaban en la radio, Jesús Vásquez, Esther Granados, Alicia Lizárraga, eran gente muy correcta.
E.C.: ¿Qué es lo más gratificante de haberle dedicado tanto tiempo a la marinera limeña?

Ahora todo el mundo es dueño de la marinera limeña. Hay gente que miente y dice que ha sido guitarrista de Augusto Ascuez, inventa cosas. A cabalidad, habrá dos personas que sepan bien lo de la marinera limeña.
E.C.: ¿Actualmente?
Bueno, he dicho dos por decir un número. Es que ya no queda nadie. Eso que yo explico en el libro sobre la marinera: el estribillo, el término, es complicado. Y los cantores antiguos no lo sabían porque hubieran leído las sílabas, lo sabían por oído.
E.C.: Don Manuel Quintana, por ejemplo, su maestro.
Claro, o Augusto Elías Ascuez, que era maestro de obras. O sea, el mundo criollo de Lima estaba formado por gente muy buena y correcta, pero que no era muy instruida. No es que no hubieran ido al colegio. Eran obreros que no habían terminado sus estudios. Pongamos, Mañuco Covarrubias, un gran compositor, hacía lápidas.
E.C.: ¿A quién le dedicó la marinera 'Dale, toma'?
A Chabuca Granda.
E.C.: ¿Por qué?
Porque, como he contado en el libro, Susanita Baca, Eva (Ayllón) dicen que Chabuca fue generosísima con ellas, pero ellas no eran compositoras. Ella me llevaba 18 años. Y yo siempre fui hincha de su música. Pero no estoy de acuerdo con que se crea que es lo único que se ha hecho en el Perú. Me parece una exageración. No podemos borrar a Pinglo, Espinela, Laureano Martínez, no. Todos ellos han hecho la historia de la música criolla. Y el cambio de las armonías lo hizo Lorenzo Humberto Sotomayor. Como es verdad que a la música negra la sacaron adelante, con mucha clase, Nicomedes y Victoria (Santa Cruz). No pueden decir que el landó lo creó Chabuca. Por supuesto que hizo landó. Pero después de Nicomedes y Victoria. No le podemos quitar el mérito a otros. Pero me estoy yendo del tema. Cuanto canté 'Inocente amor', mi primer vals, en la casa de los De la Guerra, recién llegada de Ica, con mi guitarrita, Chabuca dijo: “Graciosita la chica”.
E.C.: Con cierta arrogancia.
Es que ella era bien arrogante. Ahora, he llegado a oír que una cantante decía que le veía un aura a Chabuca, un poco más y levitaba. No pues, no. Así no era. No digo que era mala. Era una persona inteligente, que supo hacer música con su estilo, pero no puede ser más que Pinglo y los otros.
E.C.: ¿Nunca llegaron a conversar las dos?
No. Nunca estuvimos solas. Luego coincidimos en una comida, en Ancón. Había terminado de cantar y pasaba cerca de ella, me agarró del brazo y me dijo con el dedo: “Tienes que aprender a hacer marinera limeña y a cantarla”.
E.C.: ¿Delante de todos?

Sí, era una mesa larga. Y hubo una tercera vez, en casa de Percy Gibson, yo cantaba un tondero que había recopilado y ella me dijo que no era así. Fueron varias veces.
E.C.: Y por eso usted respondió con 'Dale, toma'.
Es que yo se lo conté a (Manuel) Quintana. Él se indignó. Me dijo: “¿Qué cosa? Hazle una marinera de desafío a ver si aprende”. Yo, ni tonta ni perezosa, escribí esa marinera. Cuando se la canté a mi padre, levantó la ceja muy serio, como diciendo “qué atrevida eres”, pero no me prohibió ya nada.
E.C.: Era audaz esa letra. Usted le dice en esa marinera: “Si tanto crees que sabes, contéstame esta jarana...”.
... “Qué pasa que no respondes, te dije hoy y no mañana”.
E.C.: ¿Y hubo respuesta?
No, Chabuca me minimizaba. Es como si yo no fuera digna de una respuesta. Es lo que sentía. Puedo estar equivocada.
E.C.: En su libro dice que, porque no soporta que los artistas sean vistos como payasos o porque quiere que se respete la raíz de cada composición, también ha sido catalogada de arrogante y conflictiva...
Me decían conflictiva en mi época de Secretaria de Defensa del Sindicato de Actores, cuando Delfina Paredes era la secretaria general. Íbamos a ver, en la época de Velasco, con un inspector del ministerio de Trabajo, si a los artistas les estaban pagando según los dictámenes del Gobierno. Y los artistas sentían que les quitaban el trabajo. Por eso me decían conflictiva. Eso lo puso Guido Monteverde. Se preguntaba por qué yo “hacía el triste papel de ir a las peñas”. Y no era un triste papel. Era la defensa de los artistas. No se entendía mucho ese trabajo.
E.C.: ¿Quién hace hoy lo que usted hizo en su momento? Ir a las raíces para entender la música en sus lugares de origen.
No he visto eso ahora. Nadie lo hace.


jueves, 18 de abril de 2019

¿Alan García Pérez murió como José María Arguedas Altamirano?

(Al compás de unas melodías andinas ayacuchanas de unos vecinos que viven a espalda de mi casa escribo estas líneas)
Debo de entender los dolidos por la muerte del líder, del mártir (para sus partidarios y familiares) y otras cualidades que los otros podemos reconocer.   “Lo que es del César, es del César; lo que es de Dios, es de Dios”  
Pero postear que murió como José María Arguedas Altamirano ya es un disparate.   Aunque se pueda encontrar algún símil:
Ambos son peruanos, aunque uno es de la sierra, Andahuaylas y el otro es de la costa, Lima.    
A ambos les agradaba la música, pero a uno la música andina (¿A mí?, too) y  al otro la música negra o vals peruano (no tengo referencia si cantó algún huaynito.   Si alguien me corrige; VERY GOOD)  
Es más, su desapego hacia la cultura por lo andino se dio a la muerte del indio Mayta (19 de junio del 2010) en la que el segundo gobierno alanista no le hizo llegar ni un ramo de flores https://rpp.pe/musica/conciertos/indio-mayta-murio-en-el-olvido-asegura-esposa-tras-romper-en-llanto-noticia-273741 , salvo que me corrijan.   Pero cuando muere Arturo Zambo Cavero (09.10.2009) y Jesús Vásquez (19.06.2010) fueron velados en la explanada del Museo de la Nación.    Al indio no, pero a los hijos de la canción criolla, sí.   Ojo, no tengo nada en contra de la cultura negra o el vals peruano, sino cómo algunas instituciones ningunean u obvian lo andino (¿Qué música bailó el suegro de machín y tantos otros en su película ASU MARE? ¿Qué música se escucha en fiestas patrias?)
Otro, se hubiera reivindicado el dos veces presidente de la república al decidir el año 2011 como el año del centenario de José María Arguedas, no lo hizo; seguro que ni recordaba a Arguedas.   Para redondear la idea sentencio con una frase de J.M.A.: “La tarea verdaderamente heroica y difícil fue la de extender a la mayoría de la población capitalina esta comprensión por el arte llamado indígena”
Ambos tuvieron una cosmovisión, pero uno fue occidental (muy o extremadamente occidental, diría) ¿Alguien recuerda cuando, a raíz del Baguazo, se refirió a nuestros hermanos de la selva como ‘ciudadanos de segunda categoría’? (En Netflix vi una película en la que sí dijo lo que después desdijo.  ¿Un jefe de Estado, de nuestra sociedad peruana puede referirse de esa manera? Y si nuestros hermanos de la selva son de segunda categoría, ¿Quiénes son de primera categoría?: ¿Los limeñitos? ¿Los doce apóstoles de su primer gobierno? ¿LOS DUEÑOS DEL PERÚ (de Carlos Malpica)? ¿O acaso sus muy buenos amigos de Odebrecht? ¿Acaso los fujimoristas?   Nuestro Arguedas no miraba, exclusivamente, hacia el lado occidental, se definía como mestizo: “Yo no soy un aculturado, yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”
Ambos son apasionados por la lectura.    Múlder destacaba que en las tertulias que tenían con A.G., tenía una prodigiosa memoria.   Nuestro vate hacía lo propio en primaria, en 1925,  “Descubre allí la novela Los Miserables, de Víctor Hugo, y se deslumbra con su lectura.   Se aprende entonces largos párrafos de memoria” ¡KACHKANIRAQMI! ¡SIGO SIENDO!, p.38.
Ambos escribieron libros.   No he leído ninguna obra del aprista, pero sí algunas del autor de LOS RÍOS PROFUNDOS, por una cuestión de identidad, a mis ancestros huanuqueños y ancashinos. A unos muy buenos puneños que alegraron un poquito más mi infancia, a un cerreño que me dio la oportunidad de recibir mis estudios universitarios.   Arguedas escribía “…con sangre, no por profesión” Ibídem, p.27.    
Ambos murieron al usar un armamento moderno; pero los motivos son diametralmente distintos.   J.M.A. murió de agonías arrastradas desde su remota infancia.   A los tres años muere su madre, el maltrato de hermanastro Pablo Pacheco y de su madrastra Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco, dueña de medio pueblo de San Juan de Lucanas, el desamor que sintió de parte de la iqueña Pompeya por únicamente ser serrano, el desprecio que percibió de parte del director y de los profores del colegio “San Luis Gonzaga” de Ica al menospreciar sus veintes (Y Arguedas se vengó, le sacó puros veintes), la severa crítica que le hicieron a su libro TODAS LAS SANGRES organizada por el I.E.P. La última agonía, cuando J.M.A. recibe los cursos a dictar en la universidad: “Sociología urbana” y no “Sociología rural”.   ¿Cuál es el principal motivo de la muerte de Alan García? Preguntemos a un no aprista, a un no alanista, y la respuesta ni siquiera lo puedo escribir, pero es VOX POPULI.   El señor Alan García tuvo que enfrentar a la justicia peruana, como los Fujimori (padre e hija), como José María Arguedas, que también estuvo en la cárcel. EL SEXTO, es producto de esas peculiaridades de la vida.   Ah, pero no estuvo preso por actos de corrupción, ni de apropiación ilícita, ni porque tenía cuentas indirectas en Andorra, ni tampoco porque era muy amigo de una empresa transnacional.
Su muerte se acerca más a la de los harakiris.   No creo que haya un oibara,   Apuesto a que no.
Finalmente, a la muerte de Arguedas, pidió como último deseo que le acompañe en su entierro el violinista Máximo Damián y los danzantes de tijera en medio de la multitud, del pueblo mestizo, de los indios que él cariñosamente llamaba, de aquellos hijos de ingas, mandingas y también la de los chapetones (¿Por qué negarlo?), de aquellos provincianos que vinieron a la capital, “que lucharon como varón para vencer y pudieron conseguir alcanzando el anhelo de vivir con todo su esplendor…Arriba, provinciano” (Luis Abanto Morales EL PROVINCIANO), de todas las sangres.   ¿No sé cómo será enterrado el ex presidente ni cuál sería su último deseo? ¿Habrá deseado morir a lo arguedino, acompañado de nuestra cultura ancestral? Never, solamente música negra y vals peruano…salvo que me equivoque.   Y espero equivocarme, por el bien de la diversidad cultural que existe en nuestro país.   Por el bien de muchas naciones (pero olvidadas y hasta ninguneadas) existentes en nuestro país.   Sí, señores, el Perú nació serrano https://www.youtube.com/watch?v=vBLEGSgoHik  El Perú no es monocultural, salvo que hayas vivido exclusivamente en Lima o tus viajes sólo han sido al exterior (Los Prisioneros POR QUÉ NO SE VAN)
Moría sí el Arguedas político, pero no un partidista. Decía: “Yo no milito en las filas de ningún partido político, no me he inscrito en los registros de ninguna agrupación partidarista; mi conducta ha estado normada siempre por la inspiración de mi propia conciencia, en la más absoluta libertad”.   ¿Alan político o politiquero, politicastro? Para los apristas, lo primero, para la mayoría fue un verdadero politiquero y politicastro.
Arguedas murió un domingo en una universidad, sin testigos más que de sus agonías, no murió ni en su cuarto ni perseguido por la justicia peruana.
Dejo algo de nuestro vate:
“La lucha es un bien, el más grande bien que le ha sido otorgado al hombre, pero siempre que la lucha no sea irremediablemente estéril o inútil, porque entonces ya no es lucha, es el infierno” J.M.A.