jueves, 28 de mayo de 2020

FELIZ CUMPLEAÑOS, YOYA


Imagino esta foto de hace más de 50 años, donde aún, la de la portada, no conocería a su futuro esposo. No se imaginaría que tendría tres hijos y dos hermosísimas nietas; una nuera de temple y un foráneo chapetón como yerno.

No se imaginaría lo peligroso de esta nueva enfermedad; pero no estaría alertada ya que la higiene era su primer nombre. Nos hubiera organizado para acatar todo un protocolo para ingresar a su cuarto y sentarnos frente a ella con la distancia debida.   ¿Besarla? ¡¡¡De nadie!!!   ¿En su cama?  ¡¡¡Nadie!!!...salvo su hija.

Pero sí estaría preocupada, como toda madre, por cada uno de sus hijos.   O, conversarías decididamente con vuestro esposo sobre los cuidados debidos a tomar acorde a la coyuntura sanitaria.   Déjeme decirle, señora, que me encargo de decirle los cuidados que debe tomar vuestro esposo.   Déjeme decirle que a veces la recordamos cómo era ud. con él y cómo era ud. con todos nosotros, sus hijos.

Ya no puedo escribir en tercera persona cuando quiero, deseo escribir en primera persona y decirte madre, esa foto la he conservado y la conservaré por el resto de mi existencia.   Esa foto se encuentra en aquel álbum donde se visualiza toda una historia fotográfica de uds. y de cada uno de nosotros. 

No sé por qué razón recuerdo el primer día que comimos pizza; fue en el ’91, estábamos acompañados con papá.   Parece que tus nietas heredaron ese placer por devorar dicho platillo.   Y hoy, como todos los 26 de mayo, lo celebraremos por tu onomástico.
¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, YOYA!!!


domingo, 17 de mayo de 2020

UNA CITA POSTERGADA CON MI SUEGRITA

Señora Dorina, hace más de 20 años la he visitado en este día muy especial para Ud., para sus hij@s y de todos aquellos que la estiman de todo corazón.  Cada 17 de mayo, separaba un espacio de tiempo de mi agenda para celebrar, al lado se sus hij@s y demás familiares, su cumpleaños; este año me será imposible visitarla, darle un efusivo abrazo y brindarle un cariñoso ósculo; mil disculpas por mi ausencia, las circunstancias me obliga a no cumplir lo acostumbrado de hace más de cuatro quinquenios.   Un rictus de dolor embarga mis quebrantos el día de hoy.

Sé que sus hij@s, algunos de ellos mis compadres y padrinos, estarán recordando los momentos vividos en cada año en la que Ud. era la homenajeada, en la que Ud. podría ver a todos sus hij@s, ya compartiendo, ya conversando, ya riendo o hacerla bailar entre sus más avezados familiares.   Pero creo que su alegría, como madre que es, no es ni la prenda ni el generoso banquete que degustará el día de hoy, sino el compartir con sus hij@s, el no preguntar por ninguno de ell@s ya que están o estarán presentes, a su lado.  

La tecnología ha hecho posible menguar esa lejana distancia y sé que en algún momento del día se organizarán para saludarla ya desde Comas, San Juan de Lurigancho o desde Chile, Argentina, España e Italia.

Finalmente, después de este estoico confinamiento la visitaremos como de costumbre.  No será un día olvidado sino un día postergado.   Ya nos organizaremos para repetir este magnánimo día.

Lo que sí debo por demás felicitar es a su abnegada laboriosidad de educar con ahínco y anhelo, entre todas, a su última  hija a la medida de lo que yo quería como mujer, esposa y madre.   La felicito, la hizo de muy buena madera.   No me puedo quejar.


Un efusivo y sincero abrazo virtual, suegrita.

Aquí algunos recuerdos.













jueves, 14 de mayo de 2020

ODA A MI PADRE.




Muy pocas veces he hablado de una persona que influyó en mí de forma indirecta.   Él hablaba y hablaba de la fábrica. De su relación confrontacional con sus jefes, de que nunca se amilanaba, como le decía un amical compañero, el negro García.   Cada vez que nos visitaba, le abrazaba  diciéndole “mi hermano, el único cholo que no se deja pisar el poncho”  Tengo en la memoria todos sus jefes, el chino, malhecho, el administrador, la asistenta social. A todos ellos se les enfrentó con coraje, de tú a tú porque había algo que le respaldaba: su trabajo; nadie podía poner en tela de juicio su trabajo o que le sacara la vuelta a sus funciones, a lo que había aprendido en sus años de obrero en la fábrica.   Ese tesón fue el más importante legado que dejó a sus tres hijos. Nadie nos puede criticar nuestro trabajo, nuestra entrega; donde nos encontremos damos todo de nuestra parte.   Obviamente esos genes tienen su origen.
Lamentablemente sus jefes no valoraron su experiencia marginándole a la hora de ofrecer horas extras a los trabajadores.   Nunca se iba cabizbajo, con murria, se iba con el pecho henchido de orgullo ya que sabía que no le ofrecían esas horas extras porque no suplicaba, no se arrodillaba,   porque no eras un felpudini.   Sólo, en contadas ocasiones, cuando se necesitaba realmente de sus servicios se alegraba porque sabía a qué sección iba a trabajar, era su vacilón, lo que le agradaba, lo que le gustaba.  El señor Porles, Q.E.P.D., era el que más solicitaba de sus servicios.
Del sindicato,  de los beneficios que tenían, como obreros, ante tal o cual presidente; pero de quién siempre me hablaba con mucha consideración es de Juan Velasco Alvarado. Las utilidades fueron gracias a él.
Hace poco me comentaba que ante la negativa de la asistenta social a un pedido suyo, le dijo, “sabiendo que me iban a negar vine”, ella le respondió mascullando, “sí, pues, cuando trabajaba en la fábrica Ud. era un paradito”.   Ni bien escuchó, replicó mordazmente.  “gracias por decirme paradito, porque si me hubiera dicho que era un chupamedias, un sobón, un felpudini sí que me hubiera molestado”
Recuerdo a sus amigos, el locuaz, risueño y shilico señor Zegarra, el ponderado señor Camacho y al bohemio señor Marín.  Ah, y tu hijo laboral, el parlanchín señor Melgar.  
Nunca le dije personalmente, pero sí que me agradan sus cuentos vivenciales, su vida bucólica cuando mozo y adolescente en la tierra de los tranca puerta.   Su estadía con un tío muy directo y sus hijas. Una frase de su tío, “Ah, Clemente, donde se come no se c…”
Tantas anécdotas de vuestra parte permitieron tener un perfil en mí de justicia social, de trabajar con ahínco, de no dejar pisarse el poncho, de ser empático.
Y lo escribo el día de hoy, a estas horas, porque el mundo le vio nacer.   Don Leoncio y doña María firmaron a su primogénito.   De ellos, también guardo gratos recuerdos.
Siento no abrazarle efusivamente el día de hoy, como en las navidades, como en los años nuevos, como en mi cumpleaños, como en nuestro día del padre o cada vez que regresaba de sus viajes familiares.
A todo esto, permítanme saludarle a mi auqish y decirle feliz cumpleaños, papá.

APRENDO EN CASA. D.P.C.C.3 SEMANA 06. ACTIVIDAD 02